
Atrapada en tus redes de nuevo
Traficante de sueños, de ilusiones, de sonrisas... un día deje de soñar y comprendí que la realidad no coincidía con mis sueños. Hoy me escapo de mi vida y con mis sueños yo despego!

Hoy mientras veía un casting en la tele para seleccionar a bailarines recordé uno de aquellos tristes días en que me topé con la realidad de un tortazo, en los que abandoné mis días de ignorancia y comencé a aterrorizarme con sólo la idea de una imagen proyectada a los demás. Creo que tenía unos 14 – 15 años, preparamos bailes diferentes para mostrar a la bailarina que seleccionaría a los participantes del ballet, entonces bailaba con ilusión, con un entusiasmo indescriptible y mi alegría invadía a todo aquel que me miraba. Yo fui elegida, la sensación me hacía temblar de emoción y llorar internamente de mi felicidad infinita. Pero ese día mi alegría se truncó, al perderse parte de esa inocencia que aún tenía, escuché y vi con mis propios ojos como no cogían a amigas mías que bailaban mejor que muchas otras tan sólo por una imagen. Era su cuerpo más importante que la capacidad que tenían para bailar, era eso lo único que importaba? Dejé de mirarme cada día en el espejo, mientras sujetaba la barra entre mis dedos, de la misma forma que lo hacía antes, ahora me preocupaba. Me preocupaba como me sentaba la malla, y como había cambiado mi cuerpo en los últimos años. Cada centímetro de mi cuerpo empezó a parecerme un problema que yo podía cambiar, porque si no lo hacía la vez siguiente sería yo la que llorara desconsolada por quedarme fuera.
No se lo que hubiera pasado en mi vida sin el baile de por medio, pero se que por algún lado hubieran salido estos miedos e inseguridades. No culpo a nada ni nadie. Pero ojalá el mundo fuera de otra manera.